Para culminar con el tema de las ciencias auxiliares menores de la Historia comenzado en un post anterior (donde definimos codicología, demografía, diplomática, epigrafía, genealogía y heráldica), proseguiremos con las seis restantes, para así abarcar las principales, aunque existen muchas más.
Como las anteriores, estas ciencias son fundamentales para obtener un conocimiento profundo y verdadero sobre el devenir histórico.
La Historia como ciencia, necesita apoyarse en otras para poder realizar un análisis óptimo de los acontecimientos y dar resultados confiables sobre la investigación. Sin ellas, la Historia no podría comprobar la mayoría de los hechos históricos al no tener un soporte confiable del cual partir.
Las Ciencias Auxiliares se pueden dividir en dos grupos: mayores y menores. En este caso hablaremos de las integrantes del primer grupo, consideradas así al ser las que nos permiten delimitar el objeto de estudio (la Geografía y la Cronología) y en otros casos las que ayudan a la creación de conocimiento (Arqueología, Antropología y Paleontología).
Definir la Historia y su objeto de estudio es un acto prácticamente imposible debido a la multiplicidad de significados que posee, dependiendo cada uno de ellos a diferentes épocas y contextos sociales. Incluso varía según la ideología de cada individuo. Aquí intentaremos definir algunas de las visiones más comunes sobre el significado de esta palabra.
En la Antigüedad, la Historia era tomada como un acto de investigación, inquirir, indagar, siendo su principal figura Herodoto, considerado el padre de esta disciplina. Constaba en referir, comprender y analizar los eventos pasados vividos por los autores. Sus dos fuentes principales eran: lo que vieron y lo que vieron otros y contaron.