La música, al igual que el amor es un idioma universal que traspasa el alma y siempre logra hacerse entender sin importar las diferencias raciales, étnicas o sociales.
No existe persona en el planeta a la que cierta melodía no le despierte un sentimiento escondido o la llene de energía y vitalidad.
Hay gente que pinta cuadros, otros que hacen grafittis o caricaturas y están los que dejan sus huellas pictóricas en las playas cuando salen de vacaciones, pero no son muchos los que como Jim Denevan dibujan sobre la arena húmeda bocetos de más de 160 kilómetros de ancho.
Sí, aunque suene increíble este dedicado artista realiza sus obras de arte a mano alzada y con la ayuda de un palo cuando baja la marea, sus trabajos que le llegan a demandar más de 7 horas de elaboración luego son irremediablemente devorados por las olas del mar.
Debido a sus espectaculares dimensiones las obras para ser apreciadas en su totalidad, deben ser vistas desde el aire, tal como sucede con los enigmáticos círculos de cultivos que suelen aparecer en los sembrados.
Las creaciones de Jim son muy populares y han sido destacadas por el New York Times Magazine, National Geographic, Elle, GQ, The Surfers Journal, Outside,
y numerosas publicaciones en todo el mundo.
Guillermo Vargas Habacuc es un personaje que se auto-proclama artista, que en vez de utilizar la vida para desplegar su supuesto talento, se la roba a los seres que la poseen.
En agosto del pasado año expuso en una galería de Managua una repugnante obra, ató a un perro a una pared y lo dejó ahí hasta que muriera de hambre e irónicamente escribió con alimento para canes “Eres lo que lees” cerca del pobre animal.