Horacio: el poeta del mundo antiguo

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Quinto Horacio Flaco (Quintus Horatius Flaccus) nació en Apulia el 8 de diciembre del 65 a.C. y murió en Roma el 27 de noviembre del 8 d.C. y es reconocido por ser el principal poeta lírico y satírico de la lengua latina.

Su padre, un esclavo liberto, le intentó brindar a su hijo la mejor educación posible pese a su pobreza, llevándolo a Roma a estudiar Gramática y Retórica. Luego se trasladó a Atenas donde estudió Griego y Filosofía en la Academia (fundada por Platón), donde entró en contacto con el epicureísmo, que proponía la realización de la vida buena y feliz mediante la administración de dolores y placeres, no solo del cuerpo sino también de la inteligencia.

Este esfuerzo que realizó su padre, siempre lo ha reconocido Horacio, y su relación es una de las más bellas demostraciones de amor filial del mundo clásico. Con sus poemas y odas, se fue ganando el respeto del círculo literario de Roma, conociendo entre otros a Virgilio y luego a César Augusto, quien le ofreció protección e incluso un puesto como secretario, cargo que desechó por su pensamiento epicúreo.

La literatura de Horacio ha ganado puros elogios, principalmente de los renacentistas, quienes se vieron fuertemente influenciados por este autor. Por su fecha de defunción, tuvo el privilegio de presenciar el nacimiento de Jesucristo, al que le dedicó una obra la cual no se ha encontrado aún, pero si se sabe de su existencia debido a una cita que realiza a ella su amigo Marco Tulio Cicerón, en una de sus Epistulae ad Familiares.

En una oportunidad, Virgilio le presentó a Cayo Mecenas, consejero de César Augusto, el cual se convirtió en su protector y gran amigo, regalándole incluso una casa en las montañas Sabinas, en la región de Tiber, para que el poeta desarrollara sus obras con tranquilidad. Tan grande fue su amistad que incluso, fueron enterrados uno al lado del otro.

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