La indefensión de los menores en la red


Hoy los chicos usan y pasan más tiempo en Internet que los adultos. Los servicios que más utilizan son el correo electrónico, la mensajería instantánea y los buscadores, siendo los peligros más frecuentes los contenidos pornográficos (violentos, etc.) y el potencial contacto con desconocidos (posibles pederastas o que pretendan inducir a la comisión de delitos). Para ello es fundamental que la sociedad, padres y educadores, eduquen a los menores para conseguir un eficaz uso de Internet, sin llegar a prohibirlo.

Estar atentos
El uso de Internet está creciendo raudamente, por lo que se ha convertido en una herramienta fundamental que los jóvenes manejan con total naturalidad. Para ellos es un espacio para comunicarse, buscar información, estudiar, jugar y descubrir.

Está comprobado que muchos menores navegan sin ningún tipo de control por parte de los adultos, por lo que de esta manera se convierten en posibles víctimas de los excesos de Internet, un lugar donde todo vale. Por ende, la sociedad, en especial padres y educadores, están preocupados por la posibilidad de que los menores accedan a informaciones inadecuadas. De igual forma, vale tener claro que no se debe culpar a Internet de los vicios de la sociedad, así como tampoco prohibir su uso a los menores, sino fomentar una utilización responsable de la misma.

Según varios estudios, un 75% de los niños de entre 9 y 11 años tiene acceso a la Red en su propio domicilio, lo cual es una manera de aprender a usar las nuevas tecnologías. Sin embargo, un 64% de los menores navega habitualmente solo en Internet. Y sólo un 12 % de los que se sientan sin compañía ante el ordenador, cuenta con la ayuda de filtros de contenido para evitar entrar en páginas no acordes a su edad.

Existen dos maneras de actuar para impulsar un uso seguro de la red. Por un lado, la lucha frente a los contenidos ilícitos por medio de la Ley y las líneas de denuncia y, por otra, la protección de los menores frente a aquellos contenidos y comportamientos nocivos que, inevitablemente, van a encontrar en el ciberespacio.

Para enfrentarse al primer objetivo, los gobiernos se encuentran con un importante problema, ya que no es fácil localizar al autor de los contenidos perniciosos, debido a que se ampara en el anonimato que brinda Internet. Además, el carácter transnacional de este medio y la ausencia de una autoridad que regule y controle los contenidos que circulan por ella, favorece la impunidad de los infractores.

Para lograr el segundo objetivo, los padres y educadores tienen a su disposición una serie de herramientas tecnológicas que filtran y bloquean el acceso a este tipo de contenidos. Pero estas herramientas, aunque son útiles, no son suficientes; es necesario también el establecimiento de una serie de estrategias que eduquen a los menores, enseñándoles a tomar decisiones sobre su uso.

En cuanto al perfil del menor internauta, se puede decir que nos encontramos, por tanto, ante la primera generación que está creciendo y educándose con Internet. Y la principal preocupación es qué hacen los niños y adolescentes en la Red.

Cuando se les pregunta a los jóvenes cuál es el objetivo principal de sus conexiones, el 36% contesta que es la comunicación, a lo que le sigue el ocio y la búsqueda de información. Entonces, por lo general, el correo electrónico, la mensajería instantánea y el buscador son los servicios más utilizados.

En resumen, los padres y educadores deben establecer un equilibrio entre dos prioridades: proteger a los niños y permitir su desarrollo pleno (Internet permite encontrar información para fines educacionales, estudiar en equipo, contactar con otras personas sobre una variedad casi infinita de asuntos e intereses, etc.).

Los riesgos que se presentan en la Red y que generan mayor preocupación son los que proceden de la navegación por páginas web, donde se pueden encontrar contenidos pornográficos, violentos y racistas o xenófobos. También el riesgo que procede de la participación en servicios interactivos (el daño potencial reside en las personas y en el comportamiento); pero uno de los peligros más significativos es el potencial contacto con desconocidos (posibles pederastas o que pretendan inducir a la comisión de delitos).

También preocupan los riesgos derivados del exceso de tiempo de exposición. En este caso, la constante exposición de los menores, destruye su capacidad para realizar análisis críticos de la realidad, anulando la creatividad y el pensamiento abstracto -normalmente unidos a los textos escritos-. Por último, otros riesgos percibidos son los relacionados con la salud, como: pérdidas de visión, problemas de espalda u obesidad que, si bien no son riesgos implícitos ni exclusivos de la red (TV, videoconsola…), dependen del buen uso que se haga de ella y, sobre todo, de la cantidad de tiempo que el menor la utilice.

Por último, para poder controlar a los menores en el uso de Internet además de, como ya se dijo, persuadirlos para que hagan un mejor empleo de la misma, se pueden utilizar ciertas herramientas tecnológicas, como dispositivos tecnológicos o software. Éstos pueden ayudar a reducir la exposición de los menores a los materiales o conductas inapropiados en la red. Los más importantes son:

- Filtro de contenidos: bloquea el acceso al material predeterminado. Por lo general son páginas web aunque también puede limitar otras funciones: chat, e-mail, tiempo de navegación.
- Monitorización: registra los comportamientos del menor en la red, permitiendo realizar un rastreo de las páginas visitadas y del tiempo de navegación.
- Control de spam: evita que el correo electrónico no deseado llegue al destinatario.

Estas herramientas se han hecho más eficaces en los últimos años y son aceptadas por los usuarios. Pero para que su funcionamiento y rendimiento sean óptimos, es necesario tener en cuenta una serie de consideraciones, como por ejemplo, que las herramientas tecnológicas no son perfectas, y además pueden llegar a ser pirateadas.

Daniela Ceccato

Publicado por diego en Internet, Sociedad el 7 Agosto, 2006

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