El imprescindible teléfono móvil
Hoy tanto en Europa como en Latinoamérica el teléfono móvil se ha transformado en un elemento imprescindible para la vida de las personas, tanto chicos como adultos. Y su uso habitual ha cambiando los modos de comunicación diarios, que son más por motivos personales que profesionales.
La “no tan nueva” modalidad de comunicarse
Tanto en Europa como en Latinoamérica el teléfono móvil se ha transformado en un elemento imprescindible para la vida de las personas, tanto chicos como adultos. Cuando hicieron su aparición, siendo grandes y pesados, eran signo de riqueza. Pero eso cambió de forma rápida, al mismo tiempo que el capital privado irrumpió en las telecomunicaciones. Millones de personas de escasos ingresos pudieron acceder en los últimos años a su primer teléfono celular.
Según la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), en 1990 había 100.000 líneas de telefonía móvil en Latinoamérica, y en 1999 la agencia de la ONU calculó que eran 38 millones. Hoy, expertos del sector privado aseguran que hay 120 millones de celulares.
Esta situación se ha registrado en Bolivia, Chile, El Salvador, Guatemala, Haití, México, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Venezuela. Aunque el patrón es similar en la mayoría de los países de Europa -como Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Grecia, Portugal, Suecia, Suiza y los de la antigua Yugoslavia-, pero no en Canadá y Estados Unidos, donde las líneas fijas superan a las celulares.
Una de las causas de este fenómeno es que la telefonía celular se abarató de forma notable mediante las tarjetas prepagas, única modalidad para que muchos latinoamericanos pobres pudieran acceder a un teléfono. A esto se sumó el surgimiento de un mercado informal de teléfonos móviles usados y robados, incluso en puestos callejeros.
En América, el móvil se convirtió en un sustituto para los teléfonos de línea fija, más que en su complemento. Hoy un teléfono celular dice muy poco sobre la condición social o económica de quien lo porta. Además se ha transformado para un amplio sector de la población, en un artículo de primera necesidad. Por ejemplo, electricistas, fontaneros, albañiles, pintores y trabajadores informales hacen del celular su oficina móvil; así pueden ser llamados en cualquier momento, donde estén, para pequeños servicios.
Los especialitas en el tema aseguran que fue un símbolo de ascenso social hasta fines de los 90, pero desde entonces se generalizó tanto que ya no lo es. En la actualidad es tan común, que la imagen ya no tiene mucho que ver con tener o no un celular, sino con el tipo y marca del que se posee.
En muy poco tiempo, la telefonía móvil se extendió en la población y logró cambiar los modos de comunicación diarios entre personas, tanto por motivos personales como profesionales (más por los primeros que por los últimos). Es así que estas nuevas posibilidades de comunicación generaron cambios en la conducta social.
El móvil es utilizado por algunos padres para saber dónde y cómo están sus hijos. Muchas mujeres para rastrear a sus maridos, también para avisar que se está llegando a casa, tanto a los padres o a las parejas, como a la seguridad para quienes viven en barrios privados. Y así infinidad de usos para mantener un contacto que va más allá de donde se encuentren los interesados.
Es inevitable, el móvil se está haciendo cada vez más imprescindible. Acompaña a las personas de casi todas las edades, y no sólo lo usan para hacer llamadas, sino que la mitad de los usuarios lo emplea para enviar mensajes de texto cortos. Es una forma de estar comunicado en todo momento, que hace de su uso una necesidad, y que para quien no posee uno esté como aislado del mundo.
Daniela Ceccato
Publicado el 20 Junio 2006 – 5:07 pm | por diego |

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