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Un problema mundial de gran peso A corto plazo, las consecuencias más frecuentes que conlleva la obesidad infantil son alteraciones psicosociales, ya en edades tempranas el niño obeso es descrito de forma despectiva por sus compañeros, tiene problemas de aislamiento y relación, y por ende menores expectativas académicas. En la adolescencia, la repercusión psicológica de la obesidad, e incluso de un mÃnimo sobrepeso, acarrea importantes problemas de alimentación como la bulimia-anorexia nerviosa. La obesidad infantil aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. El 75% de los adolescentes obesos serán obesos cuando de adultos y la obesidad es un importante factor de riesgo de enfermedad cardiovascular. Los periodos crÃticos para desarrollar obesidad son los primeros dos años de la vida, entre los 5 y 6 años, y en la adolescencia. Los factores de riesgo para padecer obesidad infantil son éstos: ambos padres obesos, antecedentes familiares de obesidad, estilo de vida sedentario, alimentación pobre en frutas, verduras y fibras, bajo peso al nacer, no desayunar en las mañanas, supresión de la leche materna, carga genética. La obesidad es uno de los factores de riesgo que más se encuentra en niños y jóvenes. En cuba, Grecia e Italia, existe un 30 % de niños obesos, y lo mismo sucede en España, Estados Unidos y Latinoamérica. La obesidad infantil puede acarrear algunas complicaciones, y éstas pueden ser: diabetes mellitus tipo ll, hipertensión arterial, apnea del sueño, dislipidemias, enfermedades cardiovasculares, mayor riesgo de obesidad en la adultez, problemas emocionales con baja autoestima, bajo rendimiento escolar, sÃndrome metabólico, litiasis vesicular, hÃgado graso, desviación del eje de las piernas, lumbalgia, pie plano, lesiones de piel, pancreatitis. ¿Cómo tratar la obesidad? El objetivo de tratamiento debe ser educar al individuo y a la familia en cuanto a cómo alimentarse. Y para ello hay que mostrarles el valor biológico de cada alimento. Se debe lograr que el adolescente interiorice la importancia de la practica del ejercicio fÃsico diario, darle tiempo para que abandone el hábito sedentario (pasar varias horas del dÃa frente al equipo de juegos, televisor, computadora o video), y pueda ocupar su tiempo con actividad fÃsica que le ayude a controlar el peso, gastando energÃas y pudiendo asà mantener su salud. Se debe consultar con el pediatra y con el nutricionista para poder elegir la dieta adecuada. Dieta no es sinónimo de hacer restricciones, sino de alimentación balanceada según etapa de crecimiento y desarrollo. Por lo tanto, se trata de elegir los alimentos con conocimiento y orientación profesional. En conclusión, el tratamiento debe reunir estos requisitos: mantener buenos hábitos alimentarios, aumentar la actividad fÃsica y hacer terapia conductal con una participación familiar. Daniela Ceccato Envía a Facebook / Envía a Twitter |
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