La leche materna es el alimento fundamental para los primeros meses del bebé. Ésta, además de alimentarlo, lo protege contra enfermedades, le da una nutrición que lo previene de la desnutrición y la obesidad; además no le provoca alergias. Asimismo trae beneficios a la mamá, ya que disminuye la probabilidad de sufrir cáncer de mama, evita hemorragias después del parto, etc. Un vínculo poderoso que se debe establecer.
El alimento más rico y sano
Amamantar es dar vida y amor, es alimentar, proteger y comunicarse con el bebé. La leche materna es muy importante, fundamental y vital en los primeros meses de vida. Además, el amamantamiento fortalece una relación especial entre la madre y su bebé.
La lactancia materna es la manera más fácil de alimentar al recién nacido, ya que es económica, fácil, segura y rápida. Pero hay que tener en cuenta que muchos medicamentos que consume la madre que amamanta se transfiere a su leche, por lo que se debe evitar cualquiera que no sea esencial y consultarlo siempre con el médico. Asimismo, existe una serie de alimentos que no se recomiendan mientras se está amamantando: coliflor, espárragos, repollo, cochino, condimentos, café, chocolates, granos.
En el caso de la mamá, amamantar disminuye la probabilidad de sufrir cáncer de mama, evita hemorragias después del parto, y además le ayuda a recuperar su figura más rápidamente. Respecto a los beneficios para el bebé, éstos son muchos. La leche materna lo protege contra enfermedades, principalmente la diarrea. Recibe una nutrición que lo previene de la desnutrición y la obesidad; además no le provoca alergias. Tiene menos probabilidades de tener caries o tratamientos de ortodoncia como los niños que se alimentan con biberón. No necesita otros líquidos, aún en climas calurosos; ni tampoco necesita otros alimentos durante los seis primeros meses.
La leche de los primeros días, llamada calostro, es amarillenta y espesa. Es rica en anticuerpos que protegen al bebé de infecciones graves, además tiene efectos laxantes y ayuda a que el niño evacue el meconio de su intestino, eliminando así la bilirrubina, que en exceso provoca ictericia (color amarillento de la piel).
Durante los primeros siete días, el calostro va perdiendo su color, y la leche se va poniendo cada vez más blanca. Esta leche es de dos clases: aguada y escasa, que se produce y junta en los pechos en los intervalos entre las mamadas. Y la que se produce durante las mamadas, la cual es abundante y espesa, sacia, alimenta y engorda al bebé. Es más blanca porque contiene más cantidad de grasas y proteínas. En resumen, la llamada “leche aguada” es la primera que el bebé toma y calma la sed; y la llamada “leche gorda” es la segunda que toma el bebé, y que calma su hambre.
En caso de que la mamá trabaje, lo ideal es que se organice para que en las horas de separación el bebé siga recibiendo la leche materna. Primero, tomarse toda la licencia que pueda, y hacer uso de las horas que le dan por lactancia (asesorarse y hacer valer sus derechos).
Si el bebé se encuentra a corta distancia del lugar de trabajo de la mamá, ésta podrá ir a amamantarlo haciendo uso de su tiempo de lactancia otorgado por la ley. Pero si el bebé se encuentra alejado del trabajo, hay que hacer lo posible para que continúe con la mejor alimentación. En estos casos la leche materna se puede extraer y conservar sin mayores dificultades, y se la puede dar al bebé en taza o con cuchara, o aún en biberón cuando éste sea mayor.
La leche se puede empezar a extraer dos semanas antes de regresar al trabajo. La extracción puede ser manual (la mejor) o con sacaleche-mamadera.
Daniela Ceccato
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