Los primeros meses de vida, en los que el niño se desarrolla con rapidez, son esenciales para lograr un crecimiento saludable y feliz. Aquí el apoyo de los padres es primordial, y dependerá de ellos su desarrollo futuro. En esta nota se darán algunas pautas útiles para ayudar al adelanto del niño.
La importancia del estímulo
Durante los primeros meses de vida los bebés crecen y se desarrollan muy rápido. Por eso es vital que en esta de evolución intelectual, lingüística, psicomotora, social, etc., los padres ayuden y acompañen. Un niño a quien casi no se le habla o no se le lee en los primeros años puede después tener dificultades para desarrollar sus capacidades lingüísticas.
El cerebro infantil necesita una respuesta de su entorno, ya que se desarrolla como órgano capaz de pensar y sentir emociones a través de las cosas que experimenta. Por lo tanto, es más probable que un niño que desde su nacimiento ha estado inmerso en el lenguaje aprenda a hablar muy bien.
Según estudios científicos las experiencias de la primera infancia conforman en gran parte el cerebro de los pequeños. La mejor manera de desarrollar las conexiones cerebrales de un bebé es hacer y brindar lo que éste necesita, como tener un entorno interesante para explorar, que sea seguro y que posea personas que respondan a sus necesidades emocionales e intelectuales. Todas estas conexiones del cerebro no están ahí para forzar un aprendizaje temprano, sino para desarrollar su potencial para el aprendizaje futuro.
El desarrollo psicomotor va a permitir al niño conocerse a sí mismo con relación a su entorno para adaptarse al medio que lo circunda. Gran parte del desarrollo motor del niño se lleva a cabo siguiendo una secuencia. Durante esta etapa se produce un rápido y acelerado crecimiento. El aumento de peso en los primeros meses es muy rápido y hasta se llega a duplicar. El desarrollo de los músculos se produce de forma gradual hasta adquirir, poco a poco, un buen control de ellos.
Existen dos tipos de desarrollo motor:
- Motricidad gruesa: es el desarrollo de los músculos grandes y permite movimientos como rodar sobre sí mismo, agarrar una pelota, abrazar, correr, etc.
- Motricidad fina: es el desarrollo de movimientos de la mano, de la coordinación ojo y mano, etc. y permite agarrar un objeto, tocar un punto del mismo. Este tipo de motricidad le permitirá más adelante realizar otras actividades como escribir.
A medida que el niño va desarrollando la habilidad de moverse por sí mismo se va dando cuenta de que su comportamiento tiene un efecto en su propio mundo. Tiene percepción y sensación de dominio de su entorno y esto le produce seguridad.
Es muy importante aclarar que las habilidades motoras se van desarrollando una vez que el niño ha alcanzado cierta maduración neurológica. Por consiguiente es difícil acelerar el desarrollo psicomotor, lo que sí se puede hacer es favorecer que el desarrollo del niño se produzca de manera normal, y para ello es muy importante que éste se encuentre bien alimentado, tenga buena salud, se le facilite un entorno donde tenga libertad para moverse y desarrollar sus habilidades, etc.
No se trata por tanto, de enseñarles destrezas motoras básicas como caminar, gatear, agarrar, etc., sino proporcionarles y facilitarles el espacio necesario para que lo pueda hacer.
Existen millares de actividades para estimular el desarrollo, y aquí veremos las más recomendadas. Hacer ejercicios de relajación, para conseguir que el tronco y las extremidades adquieran flexibilidad. Estos ejercicios se pueden realizar después del baño o antes de ir a dormir durante unos 10 minutos. Consisten en acariciarle la espalda, la pancita, hacerle mover las piernas y los brazos e intentar que chapotee. Es un buen momento para hablarle y sonreírle.
jugar con muñecos de tela o goma, sonajeros, llaves, mordedores, que tienen objetos para realizar actividades de manipulación. Colocar cerca de la cuna objetos que se muevan y pueda seguir con la vista. Asimismo, jugar con una pelota de goma, haciendo que el niño se apoye con las manos en la misma, moverla de un lado a otro para que el bebé intente tomarla, etc.
Los recién nacidos ya reconocen las voces de sus padres, por lo tanto mientras éste se encuentre tendido de espalda sobre su cuna llamarlo por su nombre. Continuar haciéndolo hasta que mueva los ojos o la cabeza hacia el sonido. Es bueno, además, exponer a un bebé a muchas sensaciones diferentes (cuidando de no estimularlo en exceso, y observando cualquier señal de que se cansó del juego), servirá para ampliar su conocimiento de sí mismo y del mundo.
Sentarse delante de un espejo con el niño en brazos, hablarle y saludarlo con su propia mano. Y así seguir con una serie de juegos frente al espejo, ya que decir frases cortas acelera el desarrollo de las aptitudes lingüísticas, y poner palabras a las imágenes ayudan al bebé a hacer relaciones entre ambas.
Comenzar una conversación con el bebé, y cuando éste responda con un balbuceo, parar de hablar y mirarlo a los ojos; y mientras le va hablando responder con una sonrisa o un movimiento de cabeza. Eso le indica al bebé que se lo está escuchando con atención y que se está disfrutando de sus sonidos. El número de palabras que un niño escucha cada día influye sobre la inteligencia, sus modales sociales y sus logros futuros.
A partir de los nueves meses hasta el año es importante jugar al aire libre, ya que es una buena manera de experimentar con todos los sentidos. Dejar que el niño gatee por el césped, nombrarle cada cosa que al él le interese. En fin, hay muchas cosas que se pueden hacer. Por último, los bebés comenzarán a desarrollar aptitudes más difíciles, como caminar. Y así comenzar el largo camino de la vida, y si es acompañado de sus padres mejor aún.
Daniela Ceccato
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