La historia del tiburón viajero
La historia del tiburón viajero
Los tiburones son peces versátiles y tienen sentidos muy agudos. Muchas de sus especies son capaces de cazar y devorar a casi cualquier otro animal marino, tanto en hondos mares como en aguas poco profundas. Estos dos rasgos explican su larga historia evolutiva: muchas de las especies de tiburones de nuestros días son muy similares a aquellas que nadaban en los mares del cretácico, hace más de 100 millones de años…
El tiburón blanco es uno de los animales más temidos por el hombre desde hace siglos. Ostentando un tamaño medio que oscila entre los cuatro y los seis metros de longitud, y siendo considerado acaso el más peligroso depredador de los océanos, en contraposición a lo que suele creerse, los humanos no son su presa más común.
En realidad el tiburón blanco debe al cine su mala fama. Hay poca información documentada acerca de su comportamiento. Aunque el tiburón blanco es un animal de descomunal fuerza y aterroriza a los humanos con los que entra en contacto, la mayoría de las autoridades en la materia están de acuerdo en que su reputación es inmerecida. Incluso algunos especialistas opinan que se trata de una especie amenazada por la reducción de sus fuentes de alimento y por el exceso de pesca por parte de los cazadores de trofeos.
Estos escualos son capaces de desplazarse por el agua a casi 5 km/h, lo que les permite atravesar el Índico y volver en menos de nueve meses. Y precisamente un fenómeno de este tipo es el que pudo ser registrado a través de un experimento del que da cuenta la revista Science.
Nicole es una hembra adulta de tiburón blanco. Pero no se trata de un ejemplar cualquiera. Éste ha batido el récord de distancia recorrida por un animal de su especie: 11.100 kilómetros, los que separan las costas sudafricanas de las australianas, en un viaje de ida y vuelta que duró nueve meses y que fue seguido al milímetro por un sensor colocado en la aleta dorsal del tiburón.
Descubrimientos reveladores
A partir de la atenta observación de la travesía de Nicole los científicos han llegado a la conclusión de que los tiburones blancos -una especie en peligro de extinción, como vimos- son mucho más vulnerables a la pesca comercial de lo que se creía, porque han demostrado que las dos mayores poblaciones conocidas de estos animales, la de Australia y la de las costas sudafricanas, están interconectadas entre sí, lo que podría estar indicando que el número de ejemplares que quedan en realidad estaría muy por debajo del calculado hasta ahora.
Para llevar a cabo la investigación el equipo internacional de biólogos atrapó a una hembra adulta de tiburón que nadaba en aguas de Sudáfrica para colocarle un transmisor con un GPS (Global Positioning
System, es decir, un sistema de ubicación satelital) y un sensor de profundidad. Después de dejar al animal en libertad, los científicos pudieron seguir a distancia el viaje de Nicole, que demoró 99 días en arribar a las aguas australianas. Unos seis meses después la hembra fue vista de nuevo en su hábitat africano. Según la asociación Wildlife Conservation Society (WCS), que ha co-financiado el estudio, el viaje de Nicole ha sido "la migración más rápida de cualquier animal marino que conozcamos".
Los científicos han estudiado palmo a palmo el periplo de Nicole a través de los océanos para comprender mejor cómo viven y se desplazan los tiburones blancos. De su estudio se desprende un dato que será fundamental para el entendimiento de su comportamiento: el 66% del tiempo el tiburón estaba a menos de cinco metros de profundidad, aunque también pasaba largos períodos en lo más profundo del océano. Se conjetura que el hecho de nadar casi al ras de la superficie podría haberle permitido al tiburón utilizar ciertas “pistas celestes” para su navegación y así no perder el rumbo.
Gracias al estudio del viaje los científicos han podido reconstruir por primera vez las pautas migratorias de estos animales, que aunque recorren larguísimos trayectos, luego pasan meses patrullando las aguas cercanas a sus costas natales en busca de comida.
Asegura Science que lo más complicado del estudio fue capturar un ejemplar de tiburón blanco para colocarle el transmisor, ardua tarea que sólo lograron materializar con Nicole, aunque el equipo de científicos había estado observando a un grupo de 32 tiburones blancos durante 15 meses, pero sólo basándose en identificaciones fotográficas de cada ejemplar. “¿Y quién le pone el cascabel al gato..?”.
Boris Krygel
Publicado el 1 Noviembre 2005 – 11:05 pm | por Administrator |

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